El estatismo hace de todo, menos lo que tiene que hacer
Por Orlando Ferreres
Especial para lanacion.com
Lunes 28 de marzo de 2011 | 01:16 (actualizado a las 03:58)
El Estado, como extractor del jugo del trabajo de todos, es un verdadero vampiro que chupa la sangre del sector productivo y la pasa al sector burocrático. Como gastador es anémico, gordo, sin fuerza. Esta imagen del vampiro anémico (coincide con la de un escritor francés que se refirió al tema en la década del 60 o 70) refleja la evolución del Estado en los últimos 150 años.
Fuente: Vito Tanzi y L. Schuknecht, FMI, Ocde (The Economist, 25 marzo 2011)
No ha solucionado los grandes problemas de las fluctuaciones cíclicas y sus secuelas sobre el desempleo que han ocurrido a pesar de los enormes gastos en controles y regulaciones estatales y además para arreglarlas se apela a más gasto público. Tampoco ha sido eficiente en las prestaciones de los bienes públicos indelegables como salud, educación, justicia, defensa, seguridad y plan estratégico de país. Es más, se descuida la calidad de estos bienes públicos indelegables y el Estado se hace cargo de producciones que podrían ser abastecidas por inversores de riesgo privado. No se concentra en sus funciones propias, sino que cree que puede hacerlo todo.
Nuestro país sigue la misma tendencia general, pero más acentuada. En 2002/3 el gasto público consolidado llegó al 28% del PIB y en 2010 fue de 45% del mismo. Para este año 2011, con el aumento nominal de salarios, jubilaciones y elecciones, el gasto consolidado crecerá más del 30% y podría superar el 50% del PIB del país, cifra nunca alcanzada hasta ahora, ni aun con la guerra de Malvinas en la etapa militar del proceso.
La imagen del vampiro anémico refleja la evolución del Estado en los últimos 150 años
Hacia 1810/20 el gasto público en la Argentina era menor al 3% del PIB. Creció mucho en la década de 1930 con las regulaciones y la obra pública, se expandió con el Estado empresario desde 1945 (Ferrocarriles, electricidad, servicios públicos) y luego nunca dejó de crecer, ya sea para salvar un empresario quebrado (bajo el pomposo nombre de "salvar las fuentes de trabajo") o hacerse cargo de papeleras, aerolíneas, y demás nacionalizaciones con el marketing adecuado para venderle esa idea a la gente, pero pensando en la "caja" significativa para administrar ("¡ahora es nuestra!").
Este último punto es importante dado que muchos sectores del Estado se han convertido en la fuente de dinero ("caja") que sale para la política, ya sea de los contratos de obra pública o empresas del estado, en combinación con empresarios prebendistas o contratistas, y la paga todo el pueblo, mediante los impuestos sobre el consumo o sobre los salarios. Esto parece que es imposible de probar y aún menos de controlar en la práctica.
Pero lo que es peor aún es que a pesar de este enorme gasto público no hay mejoras palpables en la Salud Pública, en la Educación, en la Justicia y además el principal problema que percibe la gente son los robos o asesinatos o sea que tampoco funciona la Seguridad. En Defensa gastamos un mínimo, nada comparable con lo que hacen nuestros vecinos. En cuanto a fijar la Estrategia de País, se habla de "modelo" pero nadie sabe bien qué es, no está explícitamente aclarado. Antes era "de tipo de cambio real alto", pero ahora éste es bajo. Antes era de "superávit fiscal", pero ahora se recurre a subterfugios para no mostrar el déficit. Estos eran los dos pilares del "modelo" que hoy quedó desdibujado, por lo tanto tampoco se cumple con la fijación de la Estrategia de País, una función primordial del Estado.
¿Cómo hacer entonces para evitar estos desvíos, estos excesos de gastos públicos? Es difícil dar una respuesta. Lo único que es seguro es que si es menor el gasto público será más difícil desviar los fondos. Achicar el vampiro anémico para que deje vivir a la gente, esta es una idea que achica las posibilidades de desperdicio económico o corrupción. Los que proponen un Estado dispendioso están pensando probablemente en su propio interés, no en el del país. Hay que pensar "que le voy a dar a mi país" y no "que le puedo sacar para mí al Estado", que es mi país.
Se habla de "modelo" pero nadie sabe bien qué es, no está explícitamente aclarado.
La segunda idea es que no puede haber privilegios en el sector público y que se debe converger a las mismas condiciones de contratación que en el sector privado. No puede haber empleo eterno en el Estado sin considerar la eficiencia o dedicación a las tareas. Pero ahora, como no se saca a ningún empleado público aunque trabaje poco y nada, los que ganan una elección y naturalmente quieren poner su gente, deben aumentar innecesariamente los planteles, tanto en la nación como en las provincias y municipios.
Cuando le pregunté a un empresario de Santiago del Estero cómo podía manejar tan bien su empresa con un socio al 50%,, pues esto siempre ha sido muy conflictivo por las diferentes visiones o intereses que comúnmente deterioran la evolución de la compañía, me dijo que la fórmula del éxito era muy simple: "Cada año rotamos la presidencia y el manejo de la empresa, así ninguno de los dos podemos hacer nada raro y taparlo después, pues ya inmediatamente llega la rotación y seguramente descubre nuestro proceder".
Por esto mismo no puede haber reelección, ni en las provincias ni en la nación y tenemos que volver al anterior sistema de rotación de los presidentes y gobernadores, quizá como en Uruguay de 5 años, para dar un tiempo a la maduración de resultados de las políticas. Cuatro años es poco. Hoy tenemos muchos feudos (reelección permanente, como el señor Feudal) que son una fuente de penetración también en el poder judicial y legislativo, de manera que no funciona el poder republicano. Si eliminamos la reelección y la re-reelección, también se van a tener que organizar mejor los partidos y las sucesiones y las carreras dentro de cada uno de ellos, pues la continuidad se puede lograr mediante las instituciones bien estructuradas y eficientes, lo que es mucho mejor que pretender lograrlo por medio de una persona, por medio de un señor feudal. Esto no ocurre solo en los gobiernos, también sucede en muchas otras instituciones como sindicatos, universidades, cámaras empresarias y fundaciones, en las cuales hay personas que se creen los dueños.
Se que no es una sola cosa lo que hay que cambiar, pero vayamos avanzando con algunas en el sentido correcto y entonces, con el paso de los años, tendremos un mejor gobierno y un mejor país para todos. Tal como vamos, desde hace bastante tiempo "cuesta abajo en la rodada", no podemos dar respuesta a los grandes desafíos del siglo XXI y nos humilla la creciente pobreza en un país con grandes recursos, pero ineficientemente gobernado.
Tanto el oficialismo como la oposición dan lástima y hasta los cómicos llegan al poder. Seguramente no sabrán qué hacer con el gasto público y cuando asuman lo van a seguir aumentando.
Requerimos pensar nuestro país, no sólo ganar votos con una linda imagen de alguien que "mida", que sea conocido. Esto es una variante de las candidaturas testimoniales por otros medios, que mete miedo y es poco democrática. La democracia supone elegir un proyecto de país más que elegir a una persona. Podemos preguntarnos dónde está ahora Nacha Guevara, que se hizo votar para diputada y renunció antes de asumir y no sabemos ni siquiera quién la reemplazó.
Si pensamos más podremos lograr que los recursos se encaminen bien para recuperar el tiempo perdido. Que el Estado tenga la dimensión necesaria para no desperdiciar los recursos de la gente en mera burocracia sino que se destinen a escuelas, hospitales, carreteras, puentes, puertos, energía, precondición necesaria para poder crecer aceleradamente. Luchemos contra el vampiro anémico, que es luchar para mejorar e impulsar a nuestro querido país.
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